lunes, 9 de marzo de 2020

EL ESPÍRITU SANTO

Este tema, tan provocativo y desafiante, es fundamental, no porque sea de mi preferencia personal, sino a causa de que nos involucra a todos. Todo verdadero hijo de Dios anhela que el Señor lo guíe y dirija: “Oh Señor, enséñame lo que debo hacer, qué decisión es la correcta.” Este, sin duda, es un buen deseo, ya que Dios tiene un plan para tu vida que quiere mostrarte. La Biblia testifica de esto, por ejemplo, en Salmos 32:8: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”.

Pero algunos quedan atrás, decepcionados por no poder experimentar la guía de la cual otros hermanos testifican. Incluso pueden surgir sentimientos de incertidumbre y desconfianza en la capacidad de reconocer el plan  de Dios en sus vidas. A causa de esto, empiezan a buscar de forma desesperada la fórmula para experimentar también esta extraordinaria guía, sin embargo, la situación no mejora. ¿Qué es lo que no funciona? La razón suele ser con frecuencia el concepto no bíblico que tenemos acerca de la guía de Dios. Cuando el Señor se nos manifiesta, cuando nos muestra algo, guiándonos e instruyéndonos, ¡siempre lo hace por medio del Espíritu Santo!

Como leímos en Romanos 8:14: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”.El capítulo 8 de Romanos menciona al Espíritu Santo unas veinte veces. Ningún otro libro de la Biblia hace tanta mención al respecto, lo que demuestra la gran obra del Espíritu Santo en los creyentes. Si la carta a los Romanos es la cima de la enseñanza del Nuevo Testamento, entonces el capítulo 8 representa el pico más alto del “monte Everest de la enseñanza bíblica”.

Este es el capítulo principal a la hora de hablar de seguridad, certidumbre y confianza. En su primer versículo, toda condenación es quitada de en medio, y en el último, nada nos separa del amor de Cristo. El Espíritu Santo juega un rol importante en todo esto.

Los versículos 2 y 3 muestran la obra del Espíritu Santo en la liberación de la ley del pecado y de la muerte.
El versículo 4 revela que el Espíritu Santo es quien cumple en nosotros la ley de Dios.
Los versículos 5 al 11 indican la forma en que el Espíritu Santo cambia y transforma nuestra naturaleza.
Los versículos 12 y 13 explican que Él nos da las fuerzas para vencer los deseos de la carne –con la carne se refiere a la naturaleza egoísta y obstinada del ser humano–.
Los versículos 14 al 16 señalan que el Espíritu Santo nos guía y que es por medio de él que Dios nos adopta y nos da libre entrada a su presencia.
Los versículos 17 al 30 nos muestran el glorioso futuro que nos espera y con cuánto celo trabaja el Espíritu Santo a nuestro favor.
Por último, los versículos 31 al 39 contienen las más fuertes expresiones acerca de nuestra absoluta certeza y seguridad en Cristo.

¿No es maravilloso?
Entonces, cuando en la cúspide de este capítulo dice: “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”, deberíamos saber:
– Quién es el Espíritu Santo.
– A quién guía el Espíritu Santo.
– Cómo guía el Espíritu Santo.

Si no tomamos esto en cuenta, incluso los cristianos más sinceros corren el peligro de ser guiados por un falso espíritu, por un engañoso ángel de luz (2 Corintios 11:14); sí, aun por el propio Satanás.
Por esta razón, comencemos antes que nada a contestar a la pregunta…